Es trágico, verdaderamente trágico volverse superficial cuando todavía se está vivo.

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La obra teatral RED ofrece al público un texto teatral profundo, complejo; para transformarlo en palabra y acción. RED presenta al pintor expresionista Mark Rothko, quien pone a forcejear al color y su intención de crear por medio de la contemplación cercana a estas pinturas, un universo ajeno a este mundo. La Obra bajo la dirección escénica del maestro Dean Zayas, presenta el extraño espectáculo de un pintor en la cima del éxito que dialoga con su ayudante Ken, también pintor. Veremos como el público contiene el aliento ante un apasionado maestro y las preguntas de su pupilo.

La obra pone a los dos personajes en el taller del pintor Mark Rothko localizado en el 222 de calle Bowery en el Nueva York de los años 50, un espacio lleno de objetos donde predominan los lienzos grandes; en el campo de batalla de Rothko con el arte. Veremos como el público se identifica en ocasiones con el estudiante, pero también con el maestro. Será una lucha por entender el arte a través del color, de darle vida a lo que piensas que no lo tiene. Aprenderemos a dejar que la obra de arte nos hable, analizaremos al artista ya maduro, al joven con sus preocupaciones y gustos muy particulares, y más aún te cautivará el pensar, que vas a hacer con todo lo que has aprendido.

Los cuadros no están muertos, están vivos

¿Qué es el rojo?” Cada uno tendrá una respuesta. Veremos un Rothko criticando la cultura del “Todo bien”. Lo planteado  a través de la obra nos va haciendo a la idea de que estamos frente a una obra de arte única e irrepetible.

En la historia del arte los colores han tenido una connotación que va más allá de lo simple; la emoción tiene color. El color rojo es de los primeros que vemos al nacer, es el color de la sangre, y en muchos sentidos, el de la vida, el de la lucha, el avance; el color de una puesta de sol y hasta el de la furia. Para Mark Rothko, el rojo, fue el color que lo acompañó en su búsqueda espiritual. Para este artista, la pintura y este color en particular podían elevarlo a dimensiones trascendentales.

Rothko tenía la convicción de que el arte podría propiciar encuentros con experiencias y emociones que no estarían presentes en el cotidiano de la vida humana. Rothko decía “Yo aprendí y yo encontré que es lo que yo quiero del arte”…

Instamos al público a no perderse esta inigualable puesta en escena de RED, esta relación maestro-alumno, que bien podría ser una relación padre-hijo, donde Rothko se emociona y enfurece, demanda y se entrega, nos conmueve y moviliza con su personalidad avasalladora. La pregunta que nos hacemos es ¿cuánto nos recuerda RED algún pasado activo en nuestra vida?